A mediados de los años 80, en plena movida madrileña, con la influencia desde los EE.UU llegó a Madrid un nuevo arte callejero: el graffiti; una nueva forma de expresión cultural que llenó las paredes de la ciudad.

Desde el barrio de Campamento un joven Juan Carlos Argüello, más conocido por su firma grafitera “Muelle” pintó los muros y espacios vacios de las calles de Madrid.

Este pionero del graffiti muy pronto se convirtio en un icono de este moviento artístico, desgraciadamente un cáncer se lo llevó muy pronto y no nos dejó seguir disfrutando de sus firmas por la ciudad.

Al princio fueron firmas sencillas pero con el tiempo fueron evolucionando haciendose más complejas tanto en diseño como en colores, así como en dimensiones siendo esta característica lo que le hizo ser tan popular en tan poco tiempo. Podemos decir que con “Muelle” nació el graffiti autóctono madrileño.

Al principio de aparecer su firma la policía pensó que se trataba de una banda de narcotraficantes que iban marcando su territorio y advirtiendo a las bandas rivales.

Actualmente en la calle Montera, se conserva el último de sus graffitis. Es un pena que hoy en día solamente podamos ver solo esta obra, se tenían que haber mantenido por la influencia que ejerció y ejerce sobre las nuevas geraciones de artístas urbanos, incluso su trascendencia llegó al extranjero. Esperemos que se declare interés de bien cultural por lo que aportó e influenció.

Después de casi 20 años desde su desaparición, su legado aún perdura, hay dos novelas una escrita en el año 2010, se publicó el libro Yo conocí a Muelle, de Jorge Gómez Soto, una novela en la que la figura de Muelle es crucial. También Arturo Pérez Reverte en su obra escrita en el año 2013, El francotirador, inspirada en el mundo del Graffiti hace referencias a “Muelle” y a los pioneros del estilo flechero en Madrid.

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Solamente nos queda el recuerdo de sus obras en nuestra memoria.

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